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Numerosas páginas en blanco de la biografía de San Jacinto han sido abundantemente llenadas con hermosas leyendas, que ahora rodean la persona del Santo. Ésta es una historia que ha ido pasando de boca en boca hasta nuestros tiempos: Un día, durante su misión en Rutenia, Jacinto estaba celebrando la Santa Misa en una iglesia en Kiev. Cuando terminó, alguien le dijo que los tártaros habían invadido la ciudad, saqueando casas y asesinando los habitantes.

Instintivamente, Jacinto tomó la caja con el Santísimo Sacramento del Altar y quiso huir cuando oyó una voz que le decía: "Jacinto, ┬┐has tomado a mi Hijo pero me estás dejando?" Entonces tomó la estatua de Santa María, que pareció no tener peso bajo su brazo, y habiendo dejado sin peligro la ciudad, cruzó el río Dnieper, llegó a Halicz y retornó a Cracovia via Lvov. San Jacinto es el patrono de la Arquidiócesis de Cracovia.

Quiringh van Brekelenkam, Saint Hyacinth San Jacinto fue un excelente predicador y misionero, un valioso representante de los primeros Dominicos Polacos. Dedicó mucho esfuerzo a mostrar a sus compatriotas los verdaderos valores de la fe cristiana auténtica. Fue pastor de las almas en el más amplio sentido de la palabra, sensible a las necesidades y tribulaciones de la gente. Estudió, predicó, confesó a los fieles y visitó a los enfermos, ayudando a sus conciudadanos de palabra y hechos y dejándoles un ejemplo para seguir.

La Vida de San Jacinto

Jacinto nació en Kamien, en la región de Silesia, en Opole (Oppeln), poco después de 1200. Descendía de la noble familia de Odrowaz, y de los parientes de Ivo Odrowaz, obispo de Cracovia. Este último, un hombre de personalidad fuerte y amplia mentalidad, tenía una posición excelente en la Iglesia de sus tiempos e influyó en gran medida en el camino espiritual que Jacinto decidió seguir. Este obispo influyente, hizo a Jacinto canónigo de la catedral y le envió a París y Bolona para estudiar teología y derecho canónico. Después de su retorno, Jacinto fue reconocido por su amplio conocimiento y recta vida.

Viajando a Roma, el obispo Ivo llevó a Jacinto consigo, junto con su pariente Ceslao, y también a Germán de Germania y Gerardo de Wroclaw (Breslau). En Roma se encontraron con Domingo, fundador de una orden, que fue luego llamada Orden Dominica en su honor. El obispo Ivo pidió a Domingo que enviara algunos monjes a Polonia. Como no había hermanos, Domingo invitó a los monjes polacos que entraran en la orden en Roma, y les prometió que les mandaría de vuelta a Polonia. Así, los compañeros del obispo Ivo: Jacinto, Ceslao, Germán y Gerardo, comenzaron el noviciado y luego fueron aceptados por Domingo en la Orden Dominicana. En ese tiempo, Jacinto recién había cumplido veinte años.

En el otoño de 1222, los hermanos Dominicos llegaron a Cracovia y se establecieron en la Iglesia de la Santa Trinidad. Tenían una tarea doble, que comprendía la organización de conventos en Polonia, y la actividad misionera entre los pueblos vecinos. La contribución de Jacinto en ambas áreas es incuestionable. Dirigió un grupo que en 1225/6 salió de Cracovia rumbo al norte. Recibidos por el Príncipe Swietopelk y el obispo Miguel, fundaron un convento en Gdansk (Danzig). Este suceso consolidó la Provincia Dominicana Polaca. En 1228, en Pentecostés, en un capítulo extraordinario en París, se dio a los Dominicos Polacos los mismos derechos que a las otras provincias. Jacinto fue uno de los delegados nombrados para París, junto con el provincial Gerardo de Wroclaw y Martín de Sandomierz. Esta elección confirma la importante posición que tenía Jacinto en el convento de Cracovia, que se ve confirmada por un documento del obispo Ivo, que dice que el 29 de setiembre de 1228 Jacinto y el provincial Gerardo participaron del capítulo de la Provincia de Cracovia. Muy probablemente, informaron en esa ocasión a la joven Provincia Polaca el éxito conseguido en París. En los años siguientes Jacinto se dedicó a su actividad misionera en Rutenia y Prusia. La misión a Kiev se llevó a cabo en 1228 al 1233, mientras que la de Prusia data del 1236 al 1238. Entre 1240 y 1260 Jacinto estuvo siempre conectado con el convento de Cracovia.

Jacinto no fue ni provincial ni prior de una casa. Se concentró en una tarea importante de los Dominicos Polacos: la misión interna y externa. En Polonia, el problema que la Iglesia tenía que enfrentar no era la herejía sino el carácter superfluo de la fe cristiana.

Jacinto murió el 15 de agosto de 1257, el día de la Asunción de Santa María. Fue sepultado en la iglesia dominica de Cracovia.

La gente comenzó a venerar a Jacinto inmediatamente después de 1257. Ya en el siglo XIII se dieron los primeros intentos de iniciar el proceso de canonización, que demoraría luego varios centenares de años. Estos esfuerzos se volvieron a hacer al fin del siglo XV, cuando el rey Segismundo el Viejo indicó esta intención a Roma. Con todo, fue sólo en 1580 - 1600 que los reyes Esteban Báthory y Segismundo III tuvieron éxito en sus esfuerzos. El 17 de abril de 1594 el papa Clemente VIII canonizó a Jacinto. Este hecho contribuyó al crecimiento del culto de San Jacinto, que es más vívido ante su tumba en Cracovia, y en Silesia, su lugar de origen.

San Jacinto es venerado no sólo en Polonia sino a lo ancho de Europa, en Norte y Sud América y en Asia. Jacinto Odrowaz fue el primer santo Polaco tan ampliamente venerado después de su muerte. San Jacinto se celebra el 17 de agosto.